Información turística del Pirineo aragonés

Enclaustrado en el más solemne de los rincones de la Sierra de Guara(Huesca), por donde apenas se filtra el claro de luna, se esconde el que fuera celebérrimo Monasterio de San Martín de la Bal de Onsera. Considerado por algunas referencias como el padre de los monasterios de Occidente. Ver Apartamentos Pirineo.

1. Descripción paisajística

Los entornos del viejo monasterio construido en el corazón de la Sierra de Guara, ofrecen tan variados rincones naturales que sorprenderán al más labrado de los naturalistas. Villas Monasterio.

Estratos verticalizados por los incesantes movimientos de la tierra, largas lenguas de pedrizas, rocas desnudas y laderas abrigadas por un manto de bojes, pinos silvestres y hermosos nogales ya a las puertas del santuario, ceden sus contrastes en esta llamada “Aula de Naturaleza”.

La puerta del Cierzo abre paso al viejo encinar que flanquea la ladera hasta el Paso de la Viñeta. Y desde el Collado de San Salvador puede contemplarse una de las principales colonias de buitres leonados de la Sierra de Guara, uno de los más importantes reductos de Europa, con más de 500 parejas reproductoras.

Las joya biológica del parque sobrevuela los riscos con el nombre de quebrantahuesos. Y en el medio terrestre, es el escaso gato montés quien más despierta la curiosidad de los amantes de la Naturaleza, donde antaño, como indica el topónimo aragonés del propio valle, deambulaba el gran plantígrado, el oso. La voracidad de la marta y la astucia del zorro vagabundean entre el matorral de enebro y la sabina negra, cuyos troncos eran empleados para construir los cercados para el ganado, dada su resistencia al agua y al paso del tiempo.

En los ocasos del mes de febrero se dejan escuchar los cantos del búho real, y durante el día podemos hacerlo con los del invernante acentor alpino. Hilos de agua se desploman en cualquier cortado tras la mas efímera de las lluvias y un cañón con saltos y pozas que se escapa ente las altas paredes de San Martín, conforman parte de este cautivador paraje enclavado en la Sierra de Guara.

Carbón vegetal y leña, madera, caza mayor o el hielo procedentes de los pozos de nieve, eran transportados a lomos de los mulos hasta estos pueblos aledaños desde donde partía la más arriesgada de las romerías de todo el Alto Aragón.

El monasterio vió pasar mil seiscientos inviernos, mil doscientos de pleno esplendor El monasterio vió pasar mil seiscientos inviernos, mil doscientos de pleno esplendor

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